Diario Vasco

«Me voy con la sensación de haber cumplido la misión. El reto no era fácil»

Pablo Berástegui posa en el exterior del bar Paco Bueno de la Parte Vieja donostiarra, uno de sus sitios favoritos en la ciudad.
Pablo Berástegui posa en el exterior del bar Paco Bueno de la Parte Vieja donostiarra, uno de sus sitios favoritos en la ciudad. / USOZ
  • Pablo Berástegui, director general de 2016, apura sus últimos días en el cargo

Se resiste a conceder la entrevista. «¿No es mejor desaparecer de forma discreta? La gente va a pensar que soy un pesado que nunca termine de irse», bromea Pablo Berástegui (Pamplona, 1968). El director general de Donostia 2016 apura sus últimos días en el cargo. Los cuatro trabajadores que continúan cerrando cuentas en la Capitalidad terminan su tarea a final de mes, y el 30 de junio la Fundación devolverá al Ayuntamiento las llaves de su sede, en la calle Easo. Berástegui llegó a San Sebastián en octubre de 2014, en plena tormenta sobre el futuro del proyecto, y se va «con la sensación de haber cumplido la misión que se me encomendó». Dice que ahora se tomará «unos meses sabáticos» para reflexionar sobre su futuro.

- El acto del Ayuntamiento, hace dos semanas, cuando cedieron el relevo, fue la última foto del 2016. Fue una despedida discreta y fría.

- La Capitalidad de Donostia siempre ha sido un proceso y lo lógica, ahora, era ceder el testigo a las instituciones y entidades que van a seguir el legado para que continúen la labor. Era un acto que simbolizaba ese relevo, sin más.

- ¿Cuándo termina su trabajo ?

- Mi contrato es hasta septiembre pero pienso que terminaré a finales de junio, como el pequeño grupo que sigue trabajando aún en la oficina. Hay dos personas cerrando las cuentas y otras dos ultimando los detalles de la evaluación. El 30 de junio terminamos y abandonamos la sede de la calle Easo. Entregaremos el edificio al Ayuntamiento.

- ¿Qué va a hacer ahora?

- Primero, descansar. Luego tomaré unos meses de reflexión para pensar mi futuro, si sigue vinculado al mundo de la producción cultural o no. No tengo una propuesta concreta de trabajo ni la aceptaría aún.

- ¿Con qué sensación abandona el cargo?

- Con la sensación de haber realizado el trabajo encomendado. Tengo la satisfacción de haber hecho lo que se me había pedido. Y siento cansancio de unos años intensos, en un proyecto exigente que ha desgastado mucho.

- ¿Siente que su tarea no ha sido comprendida por los ciudadanos?

- Produce cierta frustración que no se hayan valorado suficientemente propuestas que han sido útiles o que abrían caminos nuevos. Yo estaba trabajando en favor del proyecto, de la ciudad y del territorio, dentro de un equipo amplio: este siempre ha sido un proyecto colectivo.

- A veces tenemos la sensación de que esta es una ciudad especialmente difícil, ombliguista. ¿Ha sabido conectar con los ciudadanos?

- Mi misión no era exactamente esa. Yo no hice el proyecto de la Capitalidad, es un proyecto que surgió de la ciudadanía y fue elegido por Europa. Yo he intentado ejecutarlo, llevarlo a la realidad, que es la función para la que se me contrató.

- ¿No ha faltado al equipo directivo del 2016 ser más permeable con la ciudad?

- Todo se puede mejorar, pero el encargo expreso era desarrollar el proyecto, en unas condiciones políticas y económicas no fáciles, y lograr que la programación estuviese lista. Hemos tenido que redoblar esfuerzos para sacar adelante el proyecto contra muchas circunstancias. El reto, te lo aseguro, no era fácil.

- Se presentó al puesto cuando se abrió la convocatoria, fue el elegido y llegó en septiembre de 2014. ¿Encontró la situación aún peor de lo que había imaginado?

- No imaginaba que habría tantas discusiones, con una parte de la ciudadanía ya cansada. Había elementos del proyecto que me parecían especialmente ilusionantes y resulta que son los que más incomodaban a parte de la ciudadanía.

- ¿Cuál ha sido el momento que más ha disfrutado en todo este tiempo?

- Son muchos, aunque lamentablemente incluso en los mejores momentos nos agobiábamos pensando en lo que esperaba: no hemos podido parar ni un segundo. Podías estar disfrutando del éxito del 'Sueño de una noche de verano' pero a la vez atendiendo los detalles de una exposición que se retrasaba o cerrando el acto del día siguiente. A botepronto recuerdo un momento con una especial emoción.

- Dígame.

- La última de las representaciones de 'Sin adiós', con las víctimas de la violencia, en el Kursaal. Era diciembre, estábamos ya terminando el año, cansados, y se me juntaron muchas sensaciones. Yo tenía especial conexión con la familia de uno de los asesinados a quienes se dedicaba el montaje y no pude contener las lágrimas.

- ¿Piensa de verdad, como dijeron las autoridades en el acto del cierre del Ayuntamiento, que la convivencia es hoy mejor en el País Vasco gracias a la Capitalidad?

- Es muy difícil decirlo. Nuestros informes de valoración apuntan que el mero hecho de poner la convivencia en la agenda ya era una aportación. Pero ante un fenómeno de tal magnitud como el final de la violencia, cualquier hecho artístico queda pequeño. Hemos contribuido en nuestra medida, aunque sea infinitesimal. Muchos de los proyectos que van a seguir ahora están vinculados a la convivencia y los derechos humanos. Nosotros hemos dado herramientas o reflexiones, pero es la sociedad la que debe asumir el protagonismo.

- ¿No percibe la sensación ciudadana de que la Capitalidad ha sido una oportunidad perdida?

- A veces nos dicen que nos falta autocrítica, pero es difícil hacer autocrítica en un entorno en el que los demás inciden, sobre todo, en lo que no se ha conseguido. Yo soy siempre autocrítico, pero aquí tocaba poner en valor lo conseguido. ¿Oportunidad perdida? Claro que se podía haber hecho más, pero en la vida yo prefiero hablar más lo que se consigue que de lo que no se consigue. Piensa lo que podías haber hecho con tu vida y no has hecho. Hemos cumplido lo que decía el proyecto, y quedan líneas abiertas para seguir desarrollando iniciativas. Burdeos quiso ser capital europea de la cultura pero le ganó Marsella; Burdeos, en vez de paralizarse, siguió adelante y es una ciudad modélica. Para conseguir tus objetivos no hace falta la capitalidad europea.

- San Sebastián ganó la competición por su proyecto, tan original e intangible, y luego los ciudadanos no hemos terminado de entenderlo. Un proyecto así fue el origen del éxito, pero también de la incomprensión posterior.

- Hay una tensión clara. Desde Europa nos felicitaban por el proyecto. «Si fracasáis no lo escondáis, porque eso os enriquece aún más», nos decían desde Bruselas. Pero ante la sociedad no cabía responder que solo éramos fieles al proyecto.

- Muchos pensamos que la gran tara de Donostia 2016 fue la falta de comunicación con la sociedad.

- ¿Pero desde cuándo? Porque desde el mismo inicio estamos hablando de que la ciudad apoyaba masivamente un proyecto que desconocía. La capitalidad europea de la cultura no es una panacea que vaya a resolver todos los problemas: es algo más que ocurre en una estrategia de ciudad. Hemos hecho un esfuerzo comunicativo importante, pero luego muchos ciudadanos no se enteraban. Puede que hayamos hecho cosas mal, pero también puede ser que haya gente que no estaba interesada en lo que comunicábamos. Quizás no hemos generado el suficiente deseo para que la gente se sintiera realmente interesada en saber qué pasaba.

- Es poco 'espíritu 2016' echar la culpa a la gente de no haberse sabido informar mejor...

- No, no... Seguro que debíamos haberlo hecho mejor y vencer cierta animadversión de la gente hacia la Capitalidad. Es curioso que se han valorado muy bien muchos de nuestros proyectos tomados de uno en uno, pero no el conjunto, como si la marca Donostia 2016 jugara en contra.

- No solo era un proyecto interno. ¿No se ha perdido también la oportunidad de reforzar la imagen exterior de Donostia?

- Mis amigos de Madrid no saben qué ciudad es capital cultural europea este año. Cada vez es más difícil trascender y llegar a los medios de comunicación estatales, y sobre todo con un proyecto como el nuestro, que no era de 'gran espectáculo'. Pero sectores de fuera de Gipuzkoa sí han valorado que han ocurrido cosas pensadas de una manera distinta a lo habitual. El observatorio español de cultura destacó el trabajo de San Sebastián en innovación y cultura.

- Uno de los pocos 'grandes eventos' fue la inauguración dirigida por Hansel Cereza. Y no salió bien.

- Todo depende del punto de vista. La periodista que vino de Le Monde se mostró muy interesada con el proyecto y con la inauguración: para el lector de Le Monde sí salió bien. El debate sobre el éxito o el fracaso de la inauguración fue local.

- Es aburrido resucitar aquella polémica, pero la ceremonia fallida fue un mal principio.

- La gente que la vio por televisión la entendió. Según las audiencias, al menos 250.000 espectadores la vieron por la tele. Es una pena que los 50.000 que fueron testigos directos no compartieran la satisfacción. Claro que hubiera ayudado empezar con mejores sensaciones.

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