Diario Vasco

Un regusto más agrio que dulce

Un momento de la representación de 'Sueño de una noche de verano', una de las actividades que más unanimidad ha despertado entre la ciudadanía.
Un momento de la representación de 'Sueño de una noche de verano', una de las actividades que más unanimidad ha despertado entre la ciudadanía. / LOBO ALTUNA
  • Los agentes culturales creen que la Capitalidad ha tenido lagunas, sobre todo la falta de ambición, la ausencia de artistas locales y un problema de comunicación

Sensación agridulce, más de lo primero que de lo segundo, se desprende de las declaraciones de personas relacionadas con la cultura consultadas para que hagan balance de Donostia 2016. Ausencia de ambición y de internacionalización, poca participación de artistas locales, escasos hitos y un grave problema de comunicación son las principales críticas. Por el lado positivo los consultados destacan la apuesta por los microproyectos y la creación dentro de las artes escénicas.

«He vivido la Capitalidad con ilusión, con expectación, con decepción, con satisfacción... como en cualquier proceso creativo, y desde luego con pleno apoyo. Como director de Eresbil hemos programado conjuntamente dos conciertos, y actuado como asesores en la diversas actividades del proyecto 'Coralea'. A modo personal he procurado asistir a la mayor cantidad de eventos y exposiciones, menos de los que me hubiera gustado desde luego. Disfruté con el 'Sueño' veraniego, con la ópera de marionetas 'Altzoko Haundia', y haber escuchado el adelanto de la ópera 'Ravel' de Ramón Lazkano en París y Donostia ha sido algo realmente importante y estimulante. He echado en falta mayor pedagogía y comunicación, y sobre todo una programación cultural coordinada en la ciudad. Me pareció alucinante, por ejemplo, que una creación hermosa como 'Eresoinkaren itzalak' con la compañía Dan-tzaz y el grupo vocal KEA no se pudiera ver en la ciudad, solamente pudo verse una vez en Anglet. El balance es positivo, sin duda, lo que no quita la necesaria crítica posterior».

«Espero duzunaren araberakoa izan ohi da bukaerako sentipena. Nire kasuan espero nuena baino gehiago eman du Donostia-2016ak. Hasierako ekitaldi handinahi hura gainditu ondoren, iruditu zait oinak lurrean izan dituela proiektuak eta, era berean, hegan egiten ere jakin izan duela tarteka. Erronka hori gainditu ondoren, zailena gelditzen da orain: zer geldituko da etorkizunerako, noraino balio izan duen hainbesteko ahaleginak herritarron kultur egarria sortzeko, sustatzeko, gure agintariek kulturaren garran-tzia uler dezaten.

«Carezco del valor que otros han demostrado, reseñando lo que, por estar en euskera, no han podido entender, o despachando en diez líneas la valoración que les merecen los tres mil y pico actos del año. Solo puedo decir que, según mi experiencia, limitada pero de primera mano, el trabajo de DSS2016 ha sido en general extremadamente positivo. Como escribió Joan Fuster, solo hay una cultura, precisamente aquella que la gente culta califica de 'cultura', y me parece muy de agradecer el esfuerzo que en favor de esa preciada actividad (libros, películas, obras de teatro, exposiciones de pintura, conferencias...) han hecho los organizadores».

«He vivido intensamente el año y he seguido semanalmente sus múltiples actividades, participando en varias, aunque no muchas, pues a pesar de querer, no había muchas que me atrajeran y lo siento. Confieso que con el contenido del proyecto ganador, poco esperaba porque me era muy difícil entenderlo, con mucha 'animación cultural' y 'micro actividades' para especialistas. Sin embargo fuimos contagiados por el equipo ganador, con los competentes y entusiastas dirigentes que incomprensiblemente desaparecieron con el cambio de gobierno cuando eran los artífices, y en ocasiones algunos creíamos que podía desarrollarse algo interesante, pero tras las siguientes derivas, dejamos de confiar. Afortunadamente se recuperó con otro programa y equipo y con la misma filosofía ganadora, que es lo que había que hacer, pues era el triunfador, a pesar de que muchos aún no lo comprendan. El último equipo ha trabajado mucho pero los resultados no han calado ni interesado ni en mí ni en muchos ciudadanos a los que he consultado, pasando con más pena que gloria, pero se ha salvado el hundimiento. No creo ni tengo confianza que quedará algo tangible para el futuro, aunque así lo pregonen los responsables, como debe ser, no faltaría más. Además han dejado a muchos agentes culturales y artistas de reconocida solvencia descontentos que querían colaborar».

«De entrada me parece bien que se apoye la cultura y más concretamente la creación, tanto a la gente que comienza como aquellos que ya tienen una carrera. Pero por otro lado, comparto las palabras de Ramón de Saizarbitoria sobre la banalización de la cultura, que es algo más profundo y serio, no solo un producto de consumo. Estos eventos rimbombantes me parecen muy artificiosos, pero no me importaría nada que dentro de diez años se viera que la Capitalidad se hubiera rentabilizado culturalmente, siempre dentro de una gestión sostenible. Como músico no he participado en ninguno de los proyectos porque no me han llamado pero yo tampoco propuse nada porque tuve un 2015 muy complicado».

«Tengo una sensación agridulce. Se esperaba más de la Capitalidad. Han faltado actividades de gran formato y proyección exterior, y en cambio ha habido una enorme proliferación de actos de pequeño formato en el que se implicaba un número de personas muy reducido sin dejar huella. Se ha dejado al margen a importantes actores culturales locales y se ha apostado por agentes foráneos que han decepcionado como el comisariado de Tratado de Paz. También se han rechazado proyectos de interés como las ofertas de Ainhoa Arteta, de la bailarina Alicia Amatriain o de reconocidos artistas vascos y se han aceptado otros de una notable intrascendencia. Un buen ejemplo es la excelente muestra 'Siete escultores vascos', que no fue aceptada por la Capitalidad y exponen en Okendo como en una especie de 'Salón de los Rechazados'».

«Ha habido una explosión de actuaciones, pero no creo que ha calado en la ciudadanía, ni se ha enterado de muchas cosas que se han hecho. Había demasiada información. Está bien que se hagan cosas, pero se puede hacer lo mismo, sea Capitalidad o no, siempre que haya dinero. No comparto la visión optimista que han realizado las instituciones pero qué van a decir los que ponen el dinero. Me consta que en 'petit' comité no dicen lo mismo. No he entendido lo que es una capital cultural, no sé si es hacer más festejos, más actos... Estamos en un mundo en el que si no hablamos el idioma que entienden ellos con sus instalaciones, performances... estás perdido. Hay manifestaciones que más que tener arte lo que hay que tener es huevos para presentarlas porque no hay por dónde cogerlas».

«Se ha hecho bastante menos de lo que se podía hacer, salvo un par de cosas como 'Sueño de una noche de verano'. La sensación que he tenido es que los ciudadanos, en general, no se han enterado de la programación, ni han notado un cambio respecto a otros años porque se han incluido los festivales. Soy más negativa desde el punto de vista de los agentes culturales. En el sector, en general estamos defraudados y enfadados. En la vida, para que las cosas salgan adelante, es necesario sumar y colaborar cosa que desde la Capitalidad no se ha hecho. No han contado con los que estamos trabajando en la ciudad desde hace años y no han aceptado los proyectos que se han ido generando. El último ejemplo ha sido el de los escultores que ahora exponen en Okendo, pero también ha pasado lo mismo con los músicos y con los editores. Ha sido decepcionante la manera de abordar nuestras propuestas: 'Esto no es nuestro, esto no nos interesa'. Pero cuando han hecho libros no los han sacado a concurso, que por el coste era obligatorio, y los han llevado fuera. Por ejemplo se han gastado muchísimo dinero en el catálogo de Tratado de Paz, que ni tan siquiera está distribuido, algo inaceptable. Eso se llama despilfarro. El lema de la Capitalidad 'Cultura para convivir' en nuestro sector se ha conseguido lo contrario».

«Creo que los artistas tenían que haber tenido una participación más directa y no porque ellos no hayan querido implicarse. El planteamiento inicial de Donostia 2016 de hace cinco años ponía el foco en la ciudadanía y la participación. La traducción de los eventos organizados siguiendo ese objetivo han estado muy al margen de los hacedores de la cultura. Creo que es vox populi que muchos artistas han sentido que no han contado con ellos. Ha habido cierto divorcio, pero repito, que surgió de un planteamiento hecho hace muchos años que no es achacable ni al director general Pablo Berástegui, ni al director del programa cultural Xabi Paya, que se encontraron con un programa con unas condiciones determinadas. Particularmente creo que tenían que haber contado más con los artistas».

«La impresión es bastante decepcionante. Ha pasado el año de la Capitalidad como si no hubiese empezado. Ya se veía que iba a ocurrir. Es difícil trabajar por y para la cultura de espaldas a los que intentamos hacer cultura todos los días desde hace años y vamos a seguir. Hemos sido obviados con descaro. No sé lo que se ha pretendido con la Capitalidad. ¡Se han pegado una inventada! La gente con la que hablo tiene la misma impresión. Para crear un legado primero hay que construir algo. Han vendido humo y ni siquiera se lo han comprado. Es vergonzoso que los gestores y los políticos que han montado esto salgan a ponerse ellos mismos la nota que piensan que merecen. No han escuchado las voces que deberían hablar. Después está lo de 'los microeventos' que han sido 'micronadas'».

«El balance en general es positivo. La Capitalidad ha aunado muchas disciplinas distintas, ámbitos muy diferentes y se ha enfocado a públicos realmente variados. La programación ha sido más interesante de lo que en un principio podía parecer. Además nos ha reunido a lo más representativo de los agentes culturales. En las propuestas en las que hemos participado, lógicamente relacionadas con la música, finalmente se ha podido atender bastante más de lo que esperábamos porque se han podido reconducir bastante bien. Opinar respecto al legado es más complicado porque, no se han construido infraestructuras. Sí ha habido una participación ciudadana muy grande y no me refiero a los eventos de grandes dimensiones como tamborradas en la playa. El público donostiarra va mucho a todos los eventos y creo que en estos últimos años se ha creado un hábito. Otra cosa va a ser cómo continuar programando en los próximos años actividades de todo tipo. Muchas disciplinas van a notar que el público está más sensibilizado a lo que ellos hacen».

«Es fácil hacer crítica, sobre todo cierta crítica. Es difícil construir y mejorar. Hago un balance positivo de nuestra capitalidad cultural. Reflexionar sobre cultura es necesario, vital, para una sociedad. Quizás todo lo que se ha hecho en este sentido no ha sido todo lo que cabría esperar, pero sí bastante. Muchos programas interesantes como el de correspondencias de escritores. El programa 'Chéjov versus Shakespeare' enfrentar un diálogo entre dos visiones literarias distintas, ofreciendo su visión de la sociedad en que vivimos y sus conflictos. Creo que ha sido difícil comunicar conceptos como convivencia, paz, diálogo, en relación con la cultura, pero se ha intentado con seriedad. La proyección nacional e internacional de Donostia ha sido importante, los visitantes han acudido en masa durante el verano. Es la senda para seguir, sin olvidar los valores de humanismo, tolerancia, libertad».

«Durante un par de años, habremos de someternos a tratamiento para curarnos la paranoia del minoritario. Creo que hemos quedado lejos de las expectativas creadas. Era comprensible el intento institucional de mantener el tipo y bandear el temporal tras la calamitosa gestión política, complicidades incluidas, de la pasada legislatura. A ver si reconducimos la crítica cultural. Que, en lo futuro, los programadores no oculten sus errores y fracasos tras las resignadas espaldas de los representantes políticos. Urge un ejercicio de razonabilidad en la relación entre gasto público y resultados».

«Desde el Topic hemos vivido activamente con el Unima y con el montaje de 'El gigante de Altzo'. Nos implicamos en Donostia 2016 con mucha ilusión, pero ha sido duro, puede que por los cambios previos. Nos ha costado bastante, sobre todo en las formas de trabajo. No hemos podido hacer lo que nos habíamos propuesto. Como ciudadana, algunas de las cosas a las que he asistido me han parecido magníficas. Por ejemplo, tenía muchas expectativas ante 'Sueño de una noche de verano', que ha sido uno de los grandes aciertos de la Capitalidad, no solo por el resultado artístico sino también porque ha sido creada en su integridad por gente de aquí. Nosotros hicimos una propuesta similar y no nos la aceptaron. Ahora hay que tomar perspectiva para ver qué poso ha dejado. Hay que hacer una lectura positiva aunque sé que no es fácil».

«He vivido la Capitalidad con curiosidad para ver como se desarrollaba un propósito tan complejo. Tantos 'Faros' han dispersado la luz y parece que los ciudadanos no teníamos capacidad para entender el manual de instrucciones. He participado trabajando en alguno de ellos y comprobé el trabajo muy eficaz de algunas personas de la organización. Quizás las exposiciones, a pesar del ambicioso programa, no han cumplido del todo su capacidad comunicativa y de atracción. Creo que, aún siendo novedoso el programa conceptual, no tenía por qué huir de una mayor presencia de actividades o espectáculos que provocaran una satisfacción participativa. Los ciudadanos han pasado discretamente sobre una propuesta dirigista y muy cerrada. Ha fallado el saber implicar a un amplio conglomerado de artistas de varias generaciones. Habrá que evaluar muy críticamente cuáles son las conclusiones, las estructuras resultantes, las necesidades culturales y el alcance real de este acontecimiento, creo que tan poco pregnante y disperso para la ciudad».

«Para la Sala Kubo ha sido un año muy satisfactorio con cuatro exposiciones de artistas locales -Gonzalo Chillida, Marta Cárdenas, Jesús Mari Lazkano y Ricardo Martín- que han atraído a mucho público. Hemos tenido un incremento importante de visitas pero no sé hasta qué punto ha influido la Capitalidad. Respecto a Donostia 2016, ha habido unos proyectos muy interesantes. Me ha gustado la apuesta de apoyar propuestas pequeñas e iniciativas de terceros. Es una manera inteligente de invertir el presupuesto. También es cierto que la gente tenía muchas expectativas que no se han cumplido. La comunicación no ha llegado a todo el mundo. De cara al futuro habría que hacer una revisión de los proyectos que han funcionado y apoyarlos».

«La Capitalidad ha sido reveladora respecto al potencial creativo de nuestras artes escénicas. Además de la calurosa acogida a 'Sueño de una noche de verano' proyectos como 'Oskara', 'Último tren a Treblinka' , 'Time machine soup', 'Mugalariak', la bella (y necesaria) apuesta de reconocimiento y memoria a las víctimas de la violencia de 'Sin adiós', el proyecto 'Nuevas dramaturgias' que empieza a desvelar sugerentes (y sorprendentes) resultados o textos encargados a creadores referenciales y su producción posterior como 'Lu eta Le' de Atxaga, han sido apuestas gozosas y afortunadas que evidencian la necesidad de recursos públicos para la, habitualmente, desatendida creación escénica vasca. La capacidad de creadores y productoras escénicas ha sido manifiesta durante 2016 y en ese esperanzador legado que nos indicará el verdadero calado de esta Capitalidad, las instituciones y sus responsables culturales deben reparar en nuestro potencial escénico y ser capaces de articular marcos públicos para que la creación propia siga ofreciendo su mejor pulsión».

«El año de la Capitalidad no lo he vivido intensamente. Sé que ha habido mucha actividad pero poca ha llegado a interesarme. Directamente no he participado en ninguno de los eventos organizados. Me han gustado 'El sueño de una noche de verano', y la exposición del Museo San Telmo Tratados de Paz. Sí he echado en falta mayor comunicación con la gente y, por supuesto, mayor participación de la misma. Por último, creo que las instituciones tenían un problema y se ha resuelto. Ahora toca otra cosa».

«Oportunidad perdida creo que es como mejor se define el resultado de la Capitalidad. Partió con un error, no concebirla en distintos planos. Estaba bien que hubiera muchos microactos pero no se ha hecho visible nada. El gran problema ha sido la comunicación y no dar con unos enganches internacionales. Casi todos los agentes pedimos que hubiera más hitos pero no tuvimos cauces muy claros de participación. Todo se ha quedado un poco desdibujado, a medias, las cosas no acababan de estar rematadas. El que no estaba metido en el mundo cultural de la ciudad no se enteraba de nada. Desde el gremio de libreros nos parecía que todo era flor de un día, no hay proyección de futuro».

«2003an hasi genuenari jarraipena eman diogu Europa bapatean-ekin. Bertsolari-tzaz eta munduko inprobisazioez aritu gara goizez, EHUrekin elkarlanean Miramar Jauregian jardun akademikoetan eta arratsaldez, saioak eskainiz. Estimu handia eta ikus-entzule ugari inguratu da, giro bikainean. Horrez gain, belaunaldi berriak hurbiltzea, lan hauetan entrenatzea, Bertsozale Elkartearekin sakonago identifika-tzea, proiektua berenago sentitzeko modua egitea... ere helburu genituen. Munduko inprobisatzaileekin oholtza konpartitu, mezuak hausnartu, geure burua birkokatu ... adituei bertsoak eta gaiak belarrira itzuli. Euskaratik mundua ikusteko saiakera pragmatikoa izan da. Afalondoko giroak eta igurtziak sortu hurbiltsuna oholtzan nabarmendu zen eta ekipoan dastatu genituen lorpenak. Abagunea gure proiektuari bihotza jartzeko baliatu dugulako, ziur egon, gure legatua ez dela lagatua izango eta berriro bihotzez, egingo dugula mundurako eta munduarekin bidaia, geure etxean, geure hizkuntzan. Beraz, egindakoarekin harro, burua tente eta biho-tza goxo nahiz eta poltsa ximur izan! Ea kapitalak kapitalez osatzen digun sormenez sortu zortzea»'

«La comunicación de las actividades no ha llegado a la ciudadanía. Soy consumidora habitual del cultura y de lo que he visto este año no tengo muy claro qué cosas estaban dentro de Donostia 2016 o pertenecían a otros círculos que hacen cultura. He visto cosas que me han gustado mucho como 'Sueño de una noche de verano', que ha sido la gran triunfadora, y un 'Sin adiós' que me encantó. En lo mío, creo que la música clásica ha sido una de las grandes olvidadas. Presenté un proyecto para un pequeño ciclo de tres conciertos con producción propia de gente de aquí, que no solemos tener mucha cabida en los grandes festivales, con nivel y que podía tener continuidad. Igual sucedía que no era 'diferente'».

«Ahora tengo obras en la exposición '7 escultores vascos' en la Casa de Cultura Okendo. Fue una propuesta que hicimos a Donostia 2016 y no la aceptaron. En el campo de la escultura se nos ha ignorado completamente, pero seguimos apostando por la cultura de nuestra país a pesar de la Capitalidad. Cuando se supo que un fenómeno de esta magnitud se iba a celebrar en San Sebastián tenían que haberse reunido con los agentes culturales. Se ha apostado por una extrema modernidad en la que todo vale y salen fracasos como el de la inauguración. Pero seguiremos batallando».

«Como artista participe en la clausura en un concierto con Rafa Berrio y Joseba Irazoki en Tabakalera. Disfruté mucho. Como ciudadana no he participado mucho porque tengo hijos pequeños. Me gustó la exposición de Hitchcock. Es innegable que ha habido una ebullición cultural pero me parece que todos los eventos se han hecho sin pensar en la continuidad. Ha sido como soltar unos pájaros que ya no vuelven. No puedo palpar el legado y me parece que ha quedado algo bastante abstracto. Me da la sensación de que se ha intentado movilizar a la gente con actos de todo tipo, y se ha conseguido, pero no sé si tendrá futuro».

«La Capitalidad ha sido una oportunidad perdida respecto a la música popular. Tres o cuatro años antes estábamos preparando proyectos, perdiendo mucho trabajo, y ha sido para nada, no nos han tenido en cuenta. Ha sido una gran frustración. No se ha considerado la industria de música popular vasca, hemos sido el patito feo. Las dos licitaciones han sido para conciertos pop-rock, indie de música anglosajona, lo que resulta deprimente».

«Tuve el honor de que me invitaran para un recorrido poético guiado por Esther Ferrer que tuvo un gran éxito. También he intervenido en algún otro acto. Pero compañeros del ámbito cultural me han comentado que hubieran estado más a gusto si les hubieran invitado a participar en distintos proyectos, por ejemplo, Encarni Genua de Txontxongillo, que no pudieron tomar parte. El balance no puede ser totalmente negativo porque se han hecho cosas muy majas y positivas, pero ha faltado un primer encuentro con los que trabajan con la cultura. Se ha puesto voluntad de ir hacia la cultura pero no se ha escuchado a quienes trabajan en esto a diario. 2016 acaba, pero la cultura no. Espero que esto nos haga reflexionar».

«La Capitalidad tomó un concepto, que algunos han calificado de cara B, de no reunir en grandes fastos que todos nos enteremos, queramos o no, sino ha apostado por una fórmula de muchas opciones para el que quisiera indagar. Cada uno podía encontrar su forma de reflexionar. Han recurrido a múltiples colaboraciones dentro del territorio, un aspecto arriesgado porque conlleva que la propia Donostia 2016 pareciera diluida. Para mí ha sido un acierto esa filosofía. En nuestro caso eso se ha reflejado en Emusik, pero también en nuestro ciclo de abono porque hemos podido colaborar con una institución japonesa o traer a las hermanas Labèque y su vinculación con Iparralde, y el gran proyecto estrella, los premios International Classical Music Awards (ICMA). Igual el logo de 2016 no ha sido muy visible pero ha estado ahí con un modelo tranquilo y poco estridente.

«Ha sido una Capitalidad insuficiente. Se ha pecado de falta de ambición en lo artístico. El modelo por el que se optó no ha incluido la creación artística y la reflexión que desde el arte contemporáneo hace sobre el mundo que le rodea. Tampoco ha habido ambición internacional, ha sido insuficientemente europea. Uno de los suspensos en los que creo que coincidirá todo el mundo es en el de la comunicación, que no ha funcionado; la ciudadanía ha estado muy confundida sobre lo que estaba pasado y la visibilidad de 2016 ha sido escasa, tanto aquí como fuera. Han faltado hitos y los platos fuertes han sido los de cualquier año. La apuesta por Tratado de Paz era una buena idea, pero como exposición ha sido mala. Me parece provechoso que se ha podido debatir sobre temas como el papel de las instituciones o la relación entre lo privado y lo público. También se ha producido una visibilización del ámbito creativo con la creación de redes».

«De entrada, las expectativas eran difusas. Lo peor que te puede pasar cuando ruedas una película es la indiferencia del público y creo que es lo que le ha pasado a Donostia 2016. San Sebastián es una ciudad con muchos eventos culturales y había que ofrecer un plus, cosa que no ha sucedido y por eso la Capitalidad ha terminado diluida. Para que uno deje un legado, primero hay que crear un poso y no lo han conseguido. La sensación es que ha pasado un año, se ha gastado un dinero y no se ha dejado una marca».

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